La semana pasada estuve en las obras del metro de Schuman. La reforma es tan faraónica que llevaban 4 años preparando pilares. Como ahora ha hecho falta cortar el tráfico en un túnel por tres meses, los bruselenses andan molestos. Así que la empresa gestora ha dejado entrar a la prensa, en una inteligente maniobra de relaciones públicas, para que los ciudadanos vean que están manos a la obra.
A veces, andando por alguna ruidosa e inhabitable avenida, como rue de la Loi, cierro los ojos y me intento imaginar cómo sería la ciudad sin coches.
Para mi sorpresa, ayer más de 2.000 personas se manifestaron para pedir que se corte el tráfico en el centro de Bruselas. Se sentaron a hacer picnic en pleno asfalto y me dieron la grandísima satisfacción de comprobar que a) no estoy loco y b) si sí estoy loco, al menos no estoy solo.
La idea surgió a raíz de un manifiesto de un intelectual (éste). En los años 70, una iniciativa parecida, con un manifiesto parecido, consiguió que se prohibiera el tráfico en la Grand Place, que como sabéis es Patrimonio de la Humanidad, y hasta entonces era absurdamente utilizada como aparcamiento. “El aparcamiento más bonito del mundo”, decía la prensa.
Me callo ya y os dejo una foto. Trabajé el domingo pero lucía una sonrisa de oreja a oreja. Había niños, aire limpio, estudiantes leyendo, familias enteras en la calle.
El domingo que viene estarán otra vez allí. Ojalá les oigan.
Varios colaboradores de National Geographic han creado un grupo, The Photo Society, donde uno puede disfrutar de sus trabajos.
Los portfolios dejarían embobado a cualquiera, pero mi parte preferida de la web es esta encuesta, llamada Reality Check, que desmitifica el trabajo de los fotógrafos, contabilizando los accidentes recientes que han sufrido mientras trabajaban para National Geographic.
Entre las 45 personas que respondieron a la encuesta, hay nueve hipotermias, diecinueve deshidrataciones severas, cinco malarias, cuatro roturas de hueso, dos “apedreados por grupo religioso”, cinco accidentes de avión o helicóptero y un “cazado con arco y flechas”.
Si habláis un poco de inglés, os animo a leer el resto. No tiene desperdicio.
Es difícil ser educado en todas las redes sociales y yo todavía no había deseado un Feliz 2012 a los (tres) lectores de este blog.
Así que lo reconozco. El 31 de diciembre me olvidé de vosotros (estaba con mis otras novias, Facebook y Twitter). Pero la semana pasada fui a la playa -ventajas de pasar las Navidades en Cádiz- y al ver este Christmas en la arena pensé inmediatamente en mis queridos (espero que no sean ya dos) lectores.
Que tengáis un fabuloso año.
Happy 2012! – Canon 5d mark II – 50 mm – f:8 – 1/100 – ISO 100
Con la prensa me estaba pasando más o menos lo mismo. Me pedían columnas de 400 palabras, pero si entraba una media página de publicidad en ese sector, el editor me llamaba para decirme que eran 200 palabras las de esa semana. Cuando vino la crisis, la crisis económica europea, y las empresas dejaron de hacer publicidad en los periódicos, yo dije, “bueno, podré volver a las 400 palabras”. Pero no. Le sacaron un pliego al diario y yo me quedé con 150.
El año pasado, cuando empezaron a arreciar estas cuestiones, yo me harté bastante de todo y renuncié públicamente a las editoriales Mondadori, de Italia, Plaza & Janés, de España, Sudamericana, de Argentina, y Grijalbo, de México. Y renuncié también públicamente a los periódicos La Nación, de Argentina, y El País, de España. En 1400 palabras, libres, en el blog, los mandé a cagar.
Hernán Casciari, brillante y revelador, en una charla titulada Cómo matar al intermediario. Dura 18 minutos y merece la pena verla entera:
Lo malo de no publicar nada en el blog durante tres meses es que se te acumulan las cosas que contar.
Lo bueno es que puedes mirar atrás y ver los acontecimientos como un amplio panorama. Y entender lo que pasa. Ya sabéis que también podemos vernos en Facebook. Pero allí todo sucede más rápido.
En los últimos meses han pasado cosas muy buenas: he impartido una clase sobre fotografía internacional en la Universidad Autónoma de Barcelona; he sido consultor web para la agencia Demotix; he recibido encargos de varios clientes nuevos y he empezado a trabajar como fotógrafo freelance para el Parlamento Europeo.
Sorprendentemente, mucha gente piensa que estas cosas me ocurren porque en mi mochila hay una cámara y varios objetivos profesionales. El asistente de un europarlamentario me pidió que hiciera unas fotos porque mi cámara era “buena”, mientras que su Canon 400D no le permitía hacer nada. “Hombre, es que tú con eso, y yo con esto…”
Me habría encantado explicarle que lo importante no es el violín, sino el violinista. Pero resolver el encargo era más urgente.
El criterio
Aquello me dio mucho que pensar. En estos tiempos de incertidumbre, en que los fotógrafos temblamos ante la llegada de cámaras que lo hacen todo ellas solitas (detectan sonrisas; toman una panorámica si las lanzas al aire, enfocan todo en un solo disparo), creo que nos conviene recordar por qué tenemos trabajo.
Poseer la cámara es importante, pero es más importante saber utilizarla. Y lo verdaderamente esencial es saber para qué utilizarla. Tener criterio profesional.
Así pues, queridos amigos, queridos clientes, queridas personas que llegáis desde Google buscando otra cosa, os presento el esquema que me da de comer, con los elementos ordenados de menor a mayor importancia:
TENGO UNA CÁMARA < SÉ UTILIZARLA < SÉ PARA QUÉ UTILIZARLA
Yo estoy convencido de que el tercer elemento del esquema es lo que me ha dado trabajo durante estos meses. Y sospecho que eso mismo permitirá que la fotografía profesional continúe existiendo.
Os dejo un retrato de dos diseñadores que hice para Surface Magazine. Publicaron otra que me gustaba menos. Cuestión de criterio, supongo.
Porque nos parece que lo es. Consideramos un abuso que se obligue a los participantes de un concurso a ceder todos los derechos de reproducción y explotación de sus fotografías. De otra manera, esos derechos costarían una fortuna.
Esta cesión permite a los organizadores pagar sólo una imagen (la ganadora) y hacerse con un archivo de cientos de fotografías, que además podrán utilizar con fines comerciales. Por supuesto, los fotógrafos no recibirán un solo euro.
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Si no os gusta un concurso, no participéis. ¿Por qué os quejáis?
Porque dudamos de la legalidad de este tipo de bases y, en cualquiera de los casos, constatamos que hacen daño a nuestra profesión.
Cuando una empresa o un organismo compromete a sus participantes a “ceder todos los derechos de reproducción”, se está ahorrando miles de euros en servicios profesionales. No es casual que los términos de la cesión aparezcan siempre en letra pequeña.
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¿Proponéis alguna solución?
Sí. Y es bien sencilla. Proponemos este texto: “La organización se reserva el derecho a utilizar las imágenes participantes con el único fin de promocionar el concurso. Cualquier otra utilización por parte de la organización o de terceras partes deberá contar con el beneplácito del fotógrafo, que podrá negociar una remuneración acorde al uso, tal y como establece la ley”.
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¿Son malos los concursos de fotografía?
Por supuesto que no. Hay muchos concursos con normas que nos parecen justas y sensatas. De hecho, en el grupo Stop Cláusulas Abusivas a los Fotógrafos estamos preparando una lista de concursos en los que sí recomendamos participar.
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¿Quiénes sois?
Somos un grupo de más de 3.000 fotógrafos que nos hemos unido en Facebook, a raíz de un manifesto que escribió Tino Soriano. Estamos hartos de ser ninguneados y hemos decidido pasar a la acción.
Ayer estuve en la manifestación de Democracia Real Ya en Bruselas. Según dicen, ha sido la más numerosa fuera de España: había allí entre 600 y 700 personas.
Si me seguís en Twitter (y si no, ándale, mi cuenta está aquí), ya sabréis que estoy contentísimo y a favor de este movimiento espontáneo.
Ideologías y leyes aparte, tengo la firme convicción de que no puede ser malo que la gente esté en la calle debatiendo, preguntando, compartiendo cosas. En Bruselas, ayer comprobé con alegría que todos nos habíamos contagiado de ese ambiente. Y tuve charlas la mar de agradables con gente que no conocía de nada.
En la foto, los manifestantes gritan aquello de “manos arriba, esto es un atraco”:
Y hablando de redes sociales: gracias al blog Paper Papers me enteré de que esta maravillosa foto, que muestra a la muchedumbre cambiando el nombre a una plaza de Valencia, se hizo popular ayer en Twitter. Y terminó en la portada de El País de hoy.
El autor es Jacobo Méndez Díez. Y, si lo he entendido bien, no había colaborado nunca con El País. De ser verdad, esto me parecería una gran noticia. El periódico de más tirada de España estaría, en ese caso, comprando la mejor foto posible, en vez de utilizar sólo el material de las agencias.
También cabe la triste posibilidad de que hayan publicado la foto porque es buena y porque es gratis, en cuyo caso el asunto merecería otro post.
Feliz jornada de reflexión para todos.
– Actualización 23/05/2011 –
Según nos cuenta Nividhia en los comentarios, el jefe de fotografía de El País vio la foto en Menéame y sugirió al director que la imagen fuese en portada. Buscaron de todas las maneras posibles al autor, dieron con él y le compraron la foto.
Chapeau, añado. Un 10 para El País, que consiguió para sus lectores la mejor foto del día.
Algunos honorables lectores de este blog me están pegando coscorrones para que continúe publicando fotos del proyecto que he llamado “The Door Project”. Afortunadamente los coscorrones son virtuales. Si queréis uniros a la conversación y enviar futuras collejas, podéis hacer click aquí o buscarme por mi nombre en Facebook.
El pasado diciembre, un chico apareció por casa vestido de Papá Noël y con una bolsa llena de productos de Coca Cola. Mi novia y yo quedamos encantados y nos pasamos los siguientes dos días ingiriendo cafeína.
Por supuesto, le pedí una foto.
Esta es la tercera de la serie. Las otras dos fotos están aquí y aquí.
En cuanto tenga más prepararé un apartado en la web. Por ahora, queda entre nosotros.
Creer que el periodismo no tiene una responsabilidad social es una condena de muerte para el periodista.
(…)
Los artilugios tecnológicos los vamos a aprender, y los que ahora conocemos, dentro de 15 días no sirven. La clave es tener criterio. La pregunta es ¿tenéis cosas que decir?, ¿os estais preocupando por conocer al otro? La realidad social es vuestra actividad y ya la desarrollaréis con las herramientas que toque.